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Técnicas de estudio: El horario más adecuado
19/03/2020

Técnicas de estudio: El horario más adecuado

Alguna ventaja tendrá trabajar con un horario cuando se ha implantado por todo el mundo para tan variada gama de actividades. Para un esfuerzo intelectual como el estudio es un instrumento impagable. Y lo es por diversos motivos que podemos resumir en la consolidación de hábitos capaces de neutralizar los bajones de motivación e interés (las personas muy motivadas no necesitarían realmente un horario, aunque a menudo lo siguen por decisión propia). El esfuerzo sin motivación es un calvario, y lo que permite superarlo es precisamente el hábito, el entrenamiento, la regularidad, la costumbre, o como lo queramos llamar: todo eso que viene a alimentar un buen horario.

Para los estudiantes que sospecháis que lo haríais mejor trabajando en casa con horario, pero no os animáis a dar el paso, recordaré algo que ya he tratado en este blog, pero creo necesario recuperar en el contexto del método de estudio. Refresquemos los pensamientos y sensaciones que suelen tener los estudiantes que renuncian al horario.

Inconvenientes de no tener horario

1. Ponerme a trabajar se me hace un mundo. Muchas veces, ni me pongo.

2. Siento que no consigo gran cosa, que no avanzo. Paso horas como si estudiara, pero sin aprovecharlas.

3. Solo para empezar, pierdo bastante tiempo y demasiada energía.

4. La barrera inicial me desgasta tanto que me cuesta alcanzar un buen ritmo, si es que lo consigo.

5. Desperdicio el tiempo picoteando aquí y allí, yendo y viniendo de forma indecisa de una materia a otra.

6. No ajusto los tiempos de trabajo a la importancia y la dificultad real de cada materia: me dejo llevar por lo que más me gusta o menos me desagrada.

7. Estoy tan deseando acabar que no puedo concentrarme.

Pero cuando planificas tu tiempo de estudio y lo materializas en un horario, en solo unas semanas se acaban todas esas sensaciones negativas (que a veces son inconscientes). Hablo de trabajar con un horario a lo largo de todo el curso, no de hacerlo cuando te apetece, cuando se te acumulen las cosas, cuando tengas grandes encargos, cuando tus padres se enfaden o cuando se te venga encima una avalancha de exámenes.

Ventajas del horario

Profundizaremos enseguida en la técnica del horario, pero veamos primero sus ventajas encadenadas:

1. El horario genera hábito (con un gran esfuerzo inicial que, eso sí, luego se va reduciendo espectacularmente).

2. El hábito genera entrenamiento.

3. El entrenamiento genera acumulación de esfuerzo.

4. La acumulación de esfuerzo genera conocimientos e ideas orientadas a nuevos aprendizajes.

5. El entrenamiento mejora tu técnica de trabajo y te da pautas para sacarle mejor partido a tu propio estilo cognitivo, a tu forma de pensar y aprender.

6. El entrenamiento y la mejora de tus técnicas te permiten aumentar tu capacidad de concentración, tu agilidad y tu intensidad de trabajo.

7. El entrenamiento y la mejora de tus técnicas te permite depurar tu organización del trabajo, aspecto de importancia capital (aunque no lo desarrollaremos en este artículo).

8. Todo lo anterior fortalece tu autoconcepto, tu sentido de la responsabilidad y el nivel de satisfacción contigo mismo, lo que acaba teniendo un considerable beneficio retroactivo.

Estas ventajas son muy fáciles de comprobar. Es cierto que no todas se aprecian en cinco minutos, pero sería extraño que no las notaras al cabo de solo unas semanas de trabajar con un horario personal de estudio.

Cómo hacer tu horario personal

Veamos ahora las pautas técnicas para montarte tu horario personal:

1. El tiempo semanal debe oscilar normalmente entre las 15 y las 18 horas (en 6 días). Puedes ajustarlo, pero no debes improvisarlo sin motivo. En mi opinión, limitarse a hacer los deberes o quedarse por debajo de las 10 horas semanales no te garantiza un buen aprendizaje a partir de los cursos altos de la ESO.

2. La sesión diaria debería oscilar, según las circunstancias, entre 2 y 3,5 horas (pausas incluidas). El abanico parece amplio, pero así puedes acoger la variabilidad de los diversos días. Lo esencial es que el trabajo sea diario y que el promedio semanal no se quede corto.

3. La sesión diaria contiene varias unidades de estudio y sus pausas, y termina con unos pocos momentos para la organización. Posibles modelos que cada uno debe adaptar personal y diariamente: 2 horas disponibles (60 m + 5 m de pausa + 55 m); 2,5 horas (50 m + 5 m de pausa + 45 m + 10 m de pausa + 40 m); 3 horas (60 m + 10 m de pausa + 50 m + 10 m de pausa + 50 m); 3,5 horas (50 m + 10 m de pausa + 50 m + 10 m de pausa + 45 m + 15 m de pausa + 30 m).

4. El horario se ajusta lógicamente a las circunstancias, pero debe hacerse de forma estable y predefinida, no por capricho o desidia.

5. Si no es diario, no es horario (dejando a salvo el día semanal de descanso). 

6. El horario debe ser realista y revisable. Si se convierte en papel mojado, tíralo a la papelera y haz otro. O se cumple o se cambia. Pero no sobre la marcha, por pura apetencia del momento, sino por causa mayor.

7. El horario consiste en una parrilla preestablecida con casillas vacías que uno debe rellenar cada día según las tareas pendientes y los compromisos futuros. 

8. El horario recoge un esquema general, y cada semana puede y debe ajustarse ligeramente según los cambios de circunstancias, pero no si no hay esos cambios.

9. Cualquier día perdido por imprevistos se debería recuperar en el día del fin de semana que estaba destinado a ser libre. Al menos, en las épocas de trabajo duro.

10. Incumplir el horario acaba rompiendo el hábito de tener un horario. Es decir, los incumplimientos tienen consecuencias muy importantes, por lo que es necesario ceñirse a él (especialmente en el inicio y el final).

11. Necesitamos el reloj para evitar la trampa que nos espera. Normalmente sobrevaloramos el tiempo de trabajo (especialmente si no nos interesa demasiado) y subestimamos el tiempo perdido (especialmente si estamos entretenidos). Es decir, media hora de estudio se nos hace tan larga como hora y media, mientras media hora de televisión nos parece que ha durado cinco minutos.

12. No hay que desaprovechar estos pequeños y reales tiempos cortos a la espera de aquellos amplísimos periodos hipotéticos que quizá no lleguen. Es mejor hacer tres ejercicios de Física en la media hora disponible de ahora mismo, que dejar que se acumulen para el día siguiente, solo porque tenemos previstas tres horas.

13. En el primer mes de aplicación del nuevo horario, el autocontrol debe ser permanente y estricto, sin contemplaciones. Cualquier incumplimiento debe hacer saltar la señal de alarma. Luego todo te será muchísimo más fácil y agradable.

14. En las pausas es mejor cambiar de aires y salir del lugar de estudio.

15. Las pausas se pueden retrasar si se está a punto de terminar algo, pero no se deben alargar más de lo previsto. 

16. Una última pista sumamente importante: en las pausas no conviene hacer nada que te resulte particularmente absorbente, para no perder media hora en lo que tú crees que son dos minutitos.

Los horarios generan alergias a bastantes personas, porque exigen una considerable dosis de autodisciplina (especialmente al inicio, porque luego el hábito va haciendo eficazmente su trabajo). Pero el argumento más peregrino contra ellos es el siguiente: "Tengo demasiado que hacer, así que no puedo permitirme un horario, ¡es que no puedo!". Hay un contraargumento que no debería necesitar demostración: si el horario es aconsejable en general, cuando se acumulan las tareas y se complican las agendas pasa de ser aconsejable a ser de vital importancia.

Porque establecer un horario de trabajo no es hacer juegos malabares con las horas, sino organizarlas de la manera más eficiente para recoger a corto plazo los variados frutos del hábito y el entrenamiento. Que son estupendos, como podrías comprobar en solo unas semanas.

Fuente-Información: © elpaís.com /  © Carlos Arroyo
Fuente-Foto: © de su autor/ © publicación

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