Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies aquí. Si continuas navegando estás aceptándola.
Política de cookies +
Página no oficial
  • FAQ

  • Noticias

  • Agenda

  • La Guardia Civil

  • Unidades

  • Encuestas

  • Enlaces

  • Policia-Nacional.net

  • Academianet

Noticias

El lugar de estudio adecuado
15/03/2019

El lugar de estudio adecuado

¿Qué más da dónde estudie uno mientras estudie? Típica pregunta retórica que da por descontada la respuesta de que el lugar es irrelevante. No lo es. De hecho, decir que el dónde importa poco comparado con todos los demás factores sería una verdad a medias, lo que viene a ser una mentira camuflada. Y eso, aunque todos conozcamos a chicas y chicos que dan mucha importancia al sitio, otros que ninguna, unos que prefieren su habitación, otros que huyen de ella como de la radiactividad, estos que eligen un sitio conocido y aquellos que prefieren cualquiera por conocer. Realmente hay gente pa tó, como dijo el torero Lagartijo pero eso no convierte en iguales todos los criterios: algunos son más iguales que otros.

Hablaremos aquí del lugar y de los aspectos materiales de tu estudio personal. Como en tantas otras cosas, conviene reconocer las tendencias o, si preferimos decirlo así, las correlaciones más interesantes: entre los buenos estudiantes hay querencia hacia la estabilidad. Y a la inversa, entre quienes no lo son abundan los que parecen echar a suertes el lugar, y lo mismo les da cocina que salón. También es cierto que un alto nivel de motivación hace a cualquiera menos vulnerable a las contingencias del lugar de trabajo.

¿Por qué es mejor la estabilidad? Por tres razones básicas:

1. Porque favorece el hábito, convierte el lugar en algo familiar, estabiliza tus sensaciones y hace que asocies espacio, escritorio y distribución a la compleja tarea de estudiar. Es decir, reduce el riesgo de interferencias al reforzar los automatismos. (Argumentos todos ellos perfectamente ignorados por los aficionados a la trashumancia estudiantil).

2. Porque te permite controlar su distribución física, limpieza y orden, y te da la posibilidad de tener al alcance todo lo que puedas necesitar.

3. Porque envía a tu familia un mensaje importante y retroalimentado: que debe respetar no solo tu tiempo de estudio, sino también tu espacio. (Para lo cual, hay que empezar por respetarlo uno mismo, como es natural).

Demos un paso adelante para concretar que, además de estable, tu lugar idóneo quizá sea tu habitación (naturalmente, salvo que la naturaleza del trabajo te exija acudir a una biblioteca u otro lugar). Esencialmente porque te ahorra tiempo de desplazamientos, te permite una organización personalizada, te proporciona intimidad y tranquilidad, y, pase lo que pase, estará disponible en todo momento (cosa que no podrás decir de cualquier otro lugar).

Ahora bien, hay chicas y chicos que aborrecen estudiar en su habitación. Si es tu caso, mi recomendación es que, en lugar de declararte en fuga permanente, te pares un momento a replantearte cómo organizar tu habitación para que te resulte habitable y trabajable. En tu habitación deberías sentirte a gusto: cambia lo que sea preciso (y posible).

Dicho lo cual, enumeremos las características del lugar ideal de estudio, más allá de que tu preferencia personal sea tu habitación, la de un amigo, la cocina de tu casa, la biblioteca del centro o el salón de investigadores de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Así sería ese lugar ideal:

1. Debe ser (casi) siempre el mismo sitio, no improvisado según el día. Eso te ayudará considerablemente en la formación de hábitos (positivos).

2. Tranquilo, sin tránsito de personas, sin visitas y sin interrupciones.

3. Limpio y ordenado, sobre todo el escritorio. Si tu escritorio es un dejacosas indiscriminado, no trabajarás cómodo (y quizá ni siquiera seas consciente de una incomodidad difusa). El desorden dificulta la formación de hábitos positivos (y, a corto plazo, acaba siendo un hábito negativo).

4. Bien iluminado, preferiblemente por luz natural, sin contrastes sombra-luz y, en cualquier caso, que te permita escribir sin sombras en el papel o brillos en la pantalla.

5. Sin móvil. Como el dinosaurio de Augusto Monterroso, cuando acabes de estudiar, las redes sociales y WhatsApp todavía estarán ahí.

6. Sin música, sin televisión y sin sonidos cercanos permanentes, más allá del ruido de fondo de la casa o de la calle. Acostumbrarse a un moderado ruido de fondo es positivo, porque te da versatilidad y capacidad de adaptación; pero trabajar bien con un ruido muy intrusivo es imposible para el común de los mortales. Quienes dicen lo contrario es que han probado poco el silencio (algo no muy accesible en España, hay que reconocer).

7. Con el ordenador apagado si no se necesita para trabajar. Durante el tiempo de estudio, un ordenador puede ser una herramienta de trabajo o un factor de distracción monumental. Hay que discriminar las situaciones.

8. Ventilado, porque el aire viciado dificulta la concentración, y con una temperatura en torno a los 20º C, con cierto margen de variación según tu propio gusto.

9. Con un escritorio suficientemente amplio para trabajar con comodidad. Lo ideal es una superficie de al menos 0,8 metros por 0,6 metros despejada para el trabajo (ni escritorios demasiado estrechos, ni invadidos por aparatos, carpetas o cacharros). El orden en el escritorio refleja el propio orden mental, pero, además conlleva una gimnasia que lo facilita. Una mesa sembrada de cosas desparramadas es un campo de minas distractoras.

10. La relación de alturas mesa-silla debe permitir que la mesa quede a la altura del codo cuando se tiene el brazo estirado hacia abajo.

11. La distancia de los ojos al texto de trabajo debe rondar los 40 centímetros. Hay estudiantes que escriben con la cabeza tumbada sobre la mesa, lo cual es realmente pintoresco (por decirlo con dulzura).

12. Antes de comenzar la sesión, hay que prever lo que necesita y tenerlo dispuesto en la mesa o cerca. Y a medida que libros y materiales dejan de ser necesarios, mejor retirarlos del escritorio.

13. Casi siempre es un error estudiar en la cama, el sofá o el sillón, que son buenos amigos de la lectura recreativa, pero no del estudio.


Dejemos el lugar y vayamos a algunas recomendaciones sobre las cuestiones materiales del estudio:

1. Si algo no está en buen uso, tíralo. Conservar restos arqueológicos de bolígrafos inservibles no tiene sentido. Depura tu atrezo estudiantil.

2. Si no lo usas a menudo, guárdalo. Ten a mano solo lo de utilización frecuente.

3. Si ahorras mucho en papel gastarás mucho en memoria (es decir, padecerás  fallos recurrentes). El sentido común (y el buen gusto) nos pide que seamos austeros, pero no no nos pasemos de rosca cuando hablamos de nuestros dos grandes aliados: papel-memoria.

4. Lo que gastes en archivadores lo ahorras en tiempo y extravíos. Antes de decidir cómo organizas la documentación piénsatelo con calma: no tomes decisiones precipitadas e irreversibles. Pon a prueba tu organización las primeras semanas del curso. Las subcarpetas son buenas como depósitos temporales, no permanentes. Por cierto, es mejor poner etiquetas adhesivas que rotular directamente carpetas y archivadores, porque las etiquetas te permiten la reutilización.

5. Azul y rojo. No hay demasiados buenos estudiantes que no lo sean también subrayando. Es un arte que hay que desarrollar, y ya hablaremos de ello en un próximo artículo. Eso sí, evita códigos multicolores que luego no puedas descifrar. Después de unas cuantas idas y venidas, mi consejo es usar lápiz bicolor para subrayar y lápiz normal para anotar en los libros y documentación manejada. Son más baratos que los fluorescentes (aunque, al final, es cuestión de gustos).

6. Agenda de anotación frecuente (¡y consulta permanente!). Tómate la agenda muy en serio, como si fuera tu jefa. Confiar a la memoria la gestión de tiempos y tareas es una temeridad que se acaba pagando.

7. La memoria está en el taco. Es imprescindible tener un taco de hojitas para pequeñas anotaciones (o memos). También es cuestión de gustos, pero, en mi opinión, es mejor emplear hojitas no adhesivas. Las adhesivas tienden a perpetuarse y hacerse parte del mobiliario allá donde se dejan y, además, son caras.

8. Sistema de memoria anticatástrofes. Almacena todo lo que hagas en el ordenador también fuera del disco duro (en la nube o en un pendrive). Cada fin de semana, replícalo en una copia de seguridad actualizada: es una rutina que evita muchos disgustos. Yo escribo directamente en la nube, con dos copias a diario, y aún así he tenido más de una sorpresa desagradable.

Termino resumiendo mi criterio general sobre el lugar de estudio. Es elemental, pero creo que muchos lo olvidan a menudo: cualquier lugar es bueno si favorece tu hábito y tu concentración. Y a la inversa.

Fuente-Información: © elpais.com

Fuente-Foto. © De su autor / © publicación

Ver todos las Noticias